Concepción Arenal  y la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

AMM/ septiembre 29, 2020/ Derechos humanos, España

Concepción Arenal 

y la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

200 aniversario de su nacimiento. La soberanía de la inteligencia.

(En este año se cumplen los 200 años del nacimiento de Concepción Arenal, la mejor pensadora española del siglo XIX -incluyendo hombres-. Galicia y la Universidad de Santiago de Compostela han inaugurado una exposición en su honor desde el 24 de septiembre. De forma modesta, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas ha reflexionado sobre esta gran pensadora y los vínculos que tuvo con nuestra Academia. Se reproduce aquí nuestra contribución al Catálogo de la Exposición).  

La relación de Concepción Arenal con la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas fue muy fecunda para la institución y para el progreso del pensamiento en España y Europa. No es de extrañar que, apenas unos años después de la creación de la Real Academia en 1857, las preocupaciones sociales de la institución y de Concepción Arenal se encontrasen y se apoyasen mutuamente.

El Primer Premio de la Academia en 1860

La Academia convocó en 1860 un concurso para promover proyectos a fin de armar una doctrina que fundamentase la concurrencia de la caridad privada (hoy hablaríamos de solidaridad de la sociedad civil) con las políticas sociales de beneficencia pública, así como delimitase las opciones y respectivas responsabilidades operativas de lo privado y lo público.  ¿Qué debía esperarse de la beneficencia pública y de la privada? El tema de la beneficencia era una preocupación social en España y en Europa que conectaba con la idea del derecho de la persona a ser socorrida en la desgracia por la sociedad y el Estado. A la Academia le interesaba la formulación doctrinal de la ayuda en la adversidad y no dudó en acudir de forma abierta a la inteligencia de la sociedad para contribuir a las reformas que lograsen su mayor bienestar. La Academia, como ha señalado Mª José Lacalzada, era una institución liberal duramente combatida por la prensa integrista de la época.

El trabajo de Concepción Arenal, titulado La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad, ganó el concurso de 1860 y los 8.000 reales, si bien lo firmó con el nombre y apellidos de su hijo primogénito de 10 años, lo que obligó a la Academia a rectificar el nombre inicialmente publicado del ganador. Los miembros de la Academia, antes de abrir la plica con el nombre, mostraron su asombro por la “entidad del filósofo” y “hombre de Estado” que lo pudo escribir.

Concepción Arenal sostenía la responsabilidad de la sociedad y la necesidad de despertar los sentimientos humanitarios de quienes no estuvieran sumidos en el dolor o la desgracia o la miseria. También había defendido que la ayuda de la sociedad debía suscitar la autoestima de las personas socorridas. Ella trabajó de forma práctica en su etapa de La Coruña, junto a su gran amiga Juana de Vega, condesa de Mina y una gran historiadora, en la reintegración social de los necesitados (enfermos físicos o mentales, pobres, huérfanos, inválidos, etc.). Su idea, enmarcada en el contexto liberal y reformista del que ambas participaban, era hacer un espacio en la sociedad civil a estas preocupaciones guiadas por los valores de la igualdad humana y la justicia, así como evitar que el dolor degradase a los que sufren.

Además de hacer un estudio histórico sobre la beneficencia y la caridad –como indicaba la Real Academia-, su análisis jurídico y filosófico es pormenorizado. Como es sabido, Concepción Arenal no tuvo estudios universitarios y menos aún jurídicos –como ha demostrado Anna Caballé-, pero sí cientos de lecturas desde muy joven y el hábito del razonamiento. Este trabajo fue el primero en que se sumergió en la legislación y en propuestas de política legislativa. Al presentar sus ideas al público, a través del filtro de la Real Academia, sabía que podía ejercer un papel educador y transformador de la sociedad. Algunas de sus ideas ya habían aparecido en la prensa o en folletos, pero con muchas limitaciones. Su trabajo para la Academia era su gran oportunidad para mover las estructuras sociales y políticas.

Arenal establece con meridiana claridad que la beneficencia corresponde al Estado y la filantropía a la sociedad conforme a las ideas de la Ilustración sobre la igualdad de la naturaleza humana, la justicia y el derecho de los débiles a ser socorridos. No hay exclusividad ni exclusiones en un espíritu liberal. Siendo la pobreza una consecuencia de la mala distribución de la riqueza, el Estado tiene un papel corrector fundamental al tiempo que despierta el espíritu humanitario de las clases acomodadas y la necesaria autoestima del necesitado. Proponía también una reforma legislativa que promoviese y organizase la ayuda de la sociedad civil, sin excluir por ello a las organizaciones religiosas. Una precursora de la legislación sobre la solidaridad de la sociedad civil que tardaría en llegar casi 150 años a España.

Con ideas precursoras de lo que hoy es el Estado Social, Concepción Arenal razona sobre la obligación del Estado de mejorar la calidad de vida de todos sus ciudadanos y de asumir lo que hoy llamamos políticas sociales: ejecutar obras públicas para construir asilos, hospitales, escuelas, siquiátricos, etc. También defiende la asunción por el Estado de una gestión eficaz, transparente y responsable de los fondos públicos en tales instituciones de beneficencia. Y cree que hay que promover el interés y respeto social por los necesitados por un sentido de justicia y de eficacia; que la sociedad se tiene que movilizar en paliar y erradicar la pobreza, además de la iglesia y los cristianos.

Nuevo primer Premio de la Academia en 1875

Después de esa incursión exitosa en el Derecho y su utilidad para la mejora de la sociedad y reforma del Estado, otro dolor social que le vinculó a nuestra Academia es el trato a los presos y las políticas penitenciarias.  Tuvieron gran eco en Europa las políticas del Reino Unido de envío masivo de reos a las colonias en Australia como mano de obra esclava. Nuestra Real Academia convocó en 1875 un nuevo concurso sobre el desplazamiento de los reos condenados en España a colonias penitenciarias bajo soberanía española como las islas Marianas o las del golfo de Guinea (Fernando Poo). El debate que planteó la Academia era sobre la conveniencia de mantener las cárceles urbanas con algunas mejoras o alejar y aislar a los reos de la sociedad española. En aquella época la Academia recurrió a la convocatoria de concursos con asiduidad, aunque esa frecuencia hizo que se demorase la resolución de los mismos o se declararan desiertos muchos por falta de nivel. La propia Arenal puso de relieve esa desidia y el paso del tiempo sin resolverlos. Pero le mereció la pena la espera.

Su trabajo titulado Las colonias penales de Australia y la pena de deportación recibió de nuevo el premio de la Academia en 1877. Los Académicos no ocultaron en su informe su asombro y orgullo por el trabajo premiado “tanto por belleza de la forma como por la pureza del pensamiento”, escrito “por una elevada, severa y nobilísima inteligencia”. Reconocían que hizo un estudio analítico de la historia de las colonias inglesas y que demostraba “un conocimiento grande del derecho, estilo sobrio como elegante, lógica inflexible y descripciones calurosas de todos los peligros y los males, así físicos como morales, que afligen a los penados durante una larga navegación y en los primeros años del establecimiento de la colonia penal”. La Memoria de Concepción Arenal tenía un “mérito absoluto y tanta superioridad sobre las demás” que fue reconocido el premio –dotado con dos mil pesetas y su publicación- y entregado por el presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo, si bien ella tampoco pudo asistir.

No solo critica el propósito de la lejanía, sino que es una amena y excelente crítica de sistema penitenciario español, incluso de la propia Administración española: “…véase lo que es nuestra Administración, la de la Metrópoli y la de las colonias, que, sin ser penales, lo parecen … e imagínese después lo que sería una colonia penal española. Y no decimos al acaso imagínese: creemos que se necesita imaginación, fecunda, ardiente y lúgubre, para figurarse lo que podría suceder en los establecimientos penales que fundáramos más allá de los mares”. Como ha señalado Anna Caballé, este trabajo es una lectura que se disfruta hoy.

Concepción Arenal se distinguía por ser propositiva, por tener ideas propias para cambiar la sociedad. Era una hija de la Ilustración que llegó tan tardíamente a España. Su labor de liderazgo lo desarrolló de inmediato tras cada premio de la Academia. No bastaba haber conseguido que España renunciara a las colonias penitenciarias. Quería influir en una nueva política penitenciaria en España (aunque no se logró hasta la II República) y en Europa. A renglón seguido del premio publicó, primero por entregas en la prensa o boletines de la época, sus propuestas para un nuevo sistema penitenciario.

Esos artículos los sistematizo en un nuevo libro, Estudios penitenciarios (1877). Es una obra de gran calado intelectual, jurídico y filosófico que conmocionó a la intelectualidad europea por su exhaustividad y precisión en el enfoque filosófico-jurídico como en los detalles de las propuestas ya sea sobre la prisión preventiva, ya sobre el trato a los presos, las celdas, la alimentación o la educación, etc.  Esta obra y diversas ponencias encargadas para congresos internacionales conmovieron a la Europa más avanzada hacia las ideas de Arenal, por la que sintieron veneración los mejores penalistas (Karl Roëder, de Heidelberg, o Enoch Cobb Wines, de Cambridge), y pensadores europeos. Sus ideas promovieron reformas más allá de los Pirineos. España no lo haría hasta la II República con el Código Penal de 1932 y la reforma penitenciaria de Victoria Kent, plenamente tributaria de las ideas renovadoras de Concepción Arenal.

Otro Premio. Rumores sobre un eventual ingreso

De nuevo, en otro concurso convocado por la Real Academia, fue premiada con el accésit en 1878 por su ensayo La instrucción del pueblo en el que defendía la instrucción primaria obligatoria al tiempo que se preocupaba por la educación gratuita de familias pobres y mendigos. Con tantos premios, algunos periódicos de la época informaron en 1891 de la posibilidad de ingreso de Concepción Arenal –ya con la salud muy debilitada- en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. La noticia llegó a otra escritora gallega, Emilia Pardo Bazán, quien defendió en la prensa la candidatura de Concepción Arenal, a pesar de las profundas desavenencias entre ellas. Enterada Dª Concepción y su hijo Fernando de esa campaña interesada de la novelista gallega –para que, a su vez, le allanase su anhelado ingreso en la Real Academia de la Lengua- desautorizaron la estratagema renunciando a cualquier opción. La Academia ha conservado las ediciones de sus trabajos presentados a concurso, un epistolario original personal y algunas fotografías.

Página del Epistolario manuscrito de Concepción Arenal

Página del Epistolario manuscrito de Concepción Arenal

Ella nunca se quejó del vacío a su persona, cuyo aislamiento siempre procuró ajena a las humanas vanidades, sino del vacío a sus ideas reformistas que hicieron personas inteligentes que las pudieron haber acogido. Tan solo un gobierno liberal le hizo un encargo público como Visitadora de Prisiones (1863-1865). No obstante, tuvo amigos que sentían devoción por la capacidad y vanguardismo de su pensamiento, como Salustiano de Olózaga (académico de Ciencias Morales y Políticas, además de la Española y de la Historia), el naturalista Lucas Tornos, la historiadora Juana de Vega, el violinista Jesús de Monasterio o el financiero y filántropo José Lázaro Galdiano. Participó de las ideas reformistas del krausismo y de la Institución Libre de Enseñanza teniendo una relación intelectual muy estrecha con Francisco Giner de los RíosGumersindo de Azcárate  (académico de Ciencias Morales y Políticas) y Fernando de Castro. 

 Concepción Arenal lideró o impulsó con sus trabajos todos los movimientos reivindicativos de su época. Fue abolicionista, antiesclavista, antibelicista, humanitarista al lado del naciente movimiento de la Cruz Roja estrenándose en las guerras carlistas, firme cristiana -pero muy crítica con la Iglesia- y pionera de un feminismo muy avanzado.

Concepción Arenal fue una mente guiada por la razón. Su pensamiento abarcaba cuanto podía interesar a la sociedad de su época. Pura sensibilidad social con un acendrado sentido de su independencia. Era la soberanía de la inteligencia.

MIGUEL HERRERO Y RODRGUEZ DE MIÑÓN (Presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)   y ARACELI MANGAS MARTÍN (Académica de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)

Bibliografía: -Caballé, Anna: Concepción Arenal. La caminante y su sombra, Barcelona, Penguin Ramdom House, 2018; -Lacalzada de Mateo: Mª José: Mentalidad y proyección social de Concepción Arenal, Zaragoza, Librería General, 2ª ed, 1994.

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