Discurso sobre Escuela de Salamanca y Francisco de Vitoria. Discurso de gratitud por la Medalla de Oro de la ciudad de Salamanca
EN EL V CENTENARIO DE LA ESCUELA DE SALAMANCA: FRANCISCO DE VITORIA
(Discurso de gratitud en la entrega de la Medalla de Oro de la ciudad de Salamanca, 13/06/2026)
Sr. Alcalde de Salamanca, Autoridades, Vecinas y Vecinos,
Estoy m
uy orgullosa y agradecida por esta preciada distinción. Sé que la gratitud es un sentimiento que no se deja encerrar en palabras. Aun así, quiero agradecer al Sr. Alcalde su iniciativa para la concesión de esta Medalla de Oro. Y también a todas las instancias municipales que han participado en este proceso. Creo, Sr. Alcalde, que este es un acto de infinita generosidad de Salamanca difícilmente explicable para mí.
Aceptar gozosamente esta Medalla de Oro, me permite compartir este privilegio y felicitar al Dr. Juan Jesús Cruz, ilustre Catedrático de Oncología que preserva con su investigación médica muchas vidas,
y al Colegio de Abogados que defiende los derechos de la ciudadanía en el marco del Estado de Derecho.
Permitidme, con humildad y orgullo, reconocer que esta Medalla de Oro es otra de nuestras celebraciones del V Centenario de la Escuela de Salamanca que hizo universal y eterna a la ciudad y a su Universidad.
Recordamos la llegada de Francisco de Vitoria a la Universidad de Salamanca hace 500 años. Francisco de Vitoria ha sido el pensador de más impacto científico universal que haya tenido, no ya la Universidad de Salamanca sino España -seguramente junto a nuestro mejor científico, Santiago Ramón y Cajal-. Gracias a Vitoria, sus enseñanzas en nuestro claustro dieron vida a una rama del conocimiento nacida en España.
Desde que me incorporé al Claustro del Estudio Salmantino en 1986, los primeros días de cada curso siempre estuvieron dedicadas a la obra de Francisco de Vitoria -lo saben bien miles y miles de estudiantes-, tanto en los 25 años que ejercí la Cátedra en esta ciudad, como en la quincena de años pasados en la Universidad Complutense de Madrid. No podía entender que estudiantes de Derecho en España no conocieran la gran aportación de Vitoria para dar vida al Derecho Internacional moderno.
Nada más volver a Salamanca en 1986 activé la enseñanza de Derecho Internacional, materia adormecida desde la guerra civil, estimulando el interés en nuestros estudiantes. Salamanca y su Universidad han sido en el último cuarto de siglo un semillero de juristas al servicio de la diplomacia española, de la dimensión internacional de nuestras empresas y de la defensa del Derecho Europeo y de la diplomacia de la UE.
Vitoria llegó a Salamanca después de estar veinte años en Paris, donde alcanzó fama desabio, independiente e imparcial. En la época de la Reforma protestante, Vitoria destacó por su tolerancia hacia quienes ejercían el derecho a profesar la religión de su elección. Libertad que no fue reconocida hasta casi 450 años después.
Francisco de Vitoria nunca estuvo en América, pero conocía las experiencias vividas por sus compañeros dominicos y en el Estudio Salmantino dio forma intelectual y universal a sus críticas argumentadas contra prácticas inhumanas de algunos conquistadores. Francisco de Vitoria refutó que los indios fueran siervos por naturaleza y defendió la dignidad innata e igual de todo ser humano adelantándose en más de cuatro siglos a la Declaración Universal de 1948 de Naciones Unidas. Lo que el Papa León XIV ha recordado en estos días en su discurso en el Congreso de los Diputados en Madrid.
Al estimar que las relaciones entre españoles e indios debían ser en igualdad, como pueblos soberanos, transformó el viejo Derecho de Gentes, heredado del Imperio Romano -limitado a reglas unilaterales para los pueblos extranjeros-, en un derecho inter-gentes, entre naciones iguales, lo que hoy, y desde Vitoria, es el Derecho Internacional.
La Escuela de Salamanca, también conocida como la Escuela Española de Derecho Internacional, abrió nuevos caminos con ideas visionarias que han sido reconocidas en el siglo XX y perduran hoy. Defendió el derecho a comerciar libremente entre los pueblos y la obligación de cooperar entre los Estados, principios reconocidos solo después de 1945 y hoy en abierta transgresión por un poderoso Estado.
Vitoria condenó siempre el uso de la fuerza, la agresión. No admitió la guerra por la diversidad de religiones, tampoco para la ampliación del territorio, como pretenden hoy dos grandes potencias en declive. Pero hasta la Carta de las Naciones Unidas no fue prohibido el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Solo estimaba como causa legal de guerra la legítima defensa frente al agresor extranjero y el derecho de todo pueblo a levantarse en armas contra los tiranos. Pues bien, el derecho de resistencia frente a la tiranía se recogió, por fin, en el Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.
Vitoria defendió la obligación de proporcionalidad y de limitación de los medios y métodos de combate: enseñaba que en la guerra no se deben causar más daños que los estrictamente necesarios para la reparación del daño causado. En estos recientes años nos han abrumado acciones bélicas absolutamente desproporcionadas. Esos principios defendidos por Vitoria fueron incluidos, por fin, en el siglo XX en los universales Convenios de Ginebra para tiempos de guerra.
Voy terminando. Permitidme en el V Centenario de la Escuela de Salamanca expresar mi preocupación por los tiempos que vivimos en las relaciones internacionales. Estos no son tiempos normales por la arbitrariedad y brutalidad de algunas prácticas estatales. 
Como he dicho en varias ocasiones, cuando un Estado democrático infringe normas esenciales del DI, siempre previamente rompe sus normas constitucionales al no respetar los contrapesos del control parlamentario y judicial.
Aun así, quiero expresar también mi confianza en el futuro.
Sr. Alcalde, autoridades, vecinas y vecinos.
Los problemas de hoy ya no son los de ayer, pero la solución sigue siendo la misma: unidad para proteger los valores e intereses comunes de nuestro continente y asegurar el bienestar en igualdad, libertad y democracia. Europa todavía es la solución. Muchas gracias a mis familiares, a mis amigos, a todos.
- ¿Quién teme a los progresistas del [siglo] XVI? (V Centenario de la Escuela de Salamanca, Diario ABC (Tercera), 1 de junio de 2026. DESCARGAR PDF



