AMM/ julio 3, 2017/ España, Unión Europea

PAX EUROPEA, Homenaje de España

Concordia   UE 

Por Araceli MANGAS MARTÍN

      El 21 de junio de 2017 no nos trajo el verano caluroso; vino mucho antes. Lo que sí llegó a tiempo fue la mejor noticia que ansiábamos los europeístas y las buenas gentes que defienden la paz, la libertad y el bienestar de la ciudadanía: el Premio Princesa de Asturias a la Concordia de 2017 para la Unión Europea.

     Quienes defendimos la candidatura teníamos razones que no se podían rechazar. En este año celebramos el sexagésimo aniversario de los dos Tratados de Roma firmados el 25 de marzo de 1957. Supusieron, en un momento muy difícil entonces -tras el rechazo en la Asamblea Francesa del proyecto de tratado de Comunidad Europea de Defensa-, el relanzamiento de la integración europea. Europa no se rindió.

       Frente a la adversidad, los pueblos libres de Europa y sus dirigentes supieron aferrarse a las convicciones de sus valores a fin de lograr el mayor y mejor espacio de paz, libertad y solidaridad que nunca antes pudo soñar la Humanidad. 

       Es la misma esperanza que tenemos, hoy, en la Unión Europea frente a las amenazas externas e internas de estos últimos años. Europa está necesitada de nuestro afecto y reconocimiento. La intención de retirada de un Estado miembro ha sido un punto de inflexión, tras tocar fondo y remontar. No hubo efecto contagio sino vacuna frente a los populismos y los eurófobos. El brexit es nuestro federador externo. Europa no se rinde y se sobrepone a la policrisis.

       Tengamos el valor de desenmascarar las falsedades y desprecios que se vierten por los extremistas y los medios de comunicación; tengamos el valor de estar orgullosos de los logros de varias generaciones de europeos, de nuestros propios logros, hoy, al sostener este proceso. Aun reconociendo errores e imperfecciones, la Unión ha convertido a nuestro continente en el mejor lugar del mundo donde se hacen respetar los derechos humanos, el Estado de Derecho y se garantiza la solidaridad. 

       La trayectoria de la UE ha sido fiel a sus propósitos y sigue siendo la esperanza de futuro para los ciudadanos europeos, para nosotros los españoles y para la estabilidad del mundo en un entorno desestabilizante. El proceso de integración es una construcción intergeneracional, de evolución, de adaptación a los tiempos y necesidades. Responde a la idea de que el futuro se construye poco a poco y entre todos, que no hay nada acabado ni cerrado y que las generaciones presentes y futuras están llamadas a ser protagonistas del proceso que inició la generación de las dos posguerras y que se aceleró por la generación que protagonizó la caída del Muro de Berlín (ya veinticinco años del Tratado de Maastricht).

       Hoy seguimos confiando en una Europa ejemplar; en una Europa protectora de un espacio público europeo en el que conviven las aspiraciones de identidad y universalidad, igualdad y solidaridad, libertad y paz. España ha rendido homenaje a sus logros con este Premio Princesa de Asturias de la Concordia, como años antes recibiera el Premio Nobel de la Paz.

         Estamos orgullosos del modelo de civilización que representa la Unión Europa en la historia de la Humanidad. El que soñaron quienes sobrevivieron a la locura colectiva de dos grandes guerras que asolaron a una misma generación de europeos: la paz mediante el derecho.

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