AMM/ diciembre 5, 2017/ España, Unión Europea

El 4 de diciembre de 2017, falleció un caballero europeísta, un “Grande” de España en Europa. Pertenecía a ese grupo selecto de los hombres y mujeres de la transición que tanto echamos en falta hoy en la clase política: bien formado, de trato exquisito con todos, dialogante, abierto y con su pensamiento puesto en el futuro de Europa y España. Creía en la capacidad de la política para transformar la sociedad.  No estaba en la política para aguantar encapsulado en el caparazón del poder sin mejorar su entorno.

Sobresalía entre todos por su sólida formación europeísta adquirida en las aulas de posgrado en Nancy y en el Colegio de Europa de Brujas. No era europeísta de oídas o porque estuviera de moda. Su conocimiento del sistema de la integración le llevó a dar forma racional a sus convicciones. Y su exquisito conocimiento permitió a España confiar en él la compleja adhesión a las Comunidades Europeas (hoy, Unión Europea). Salió en la foto de la firma del Tratado de adhesión sin levantar la vista para la pose, con discreción y la sobriedad de quien sabe que cumple con un deber ciudadano de contribuir a mejorar el futuro en aras de toda la sociedad. Sin hacer de la política un espectáculo ridículo -como vimos en las fotos impostadas de los independentistas catalanes en la firma de su Declaración de Independencia el 27 de octubre pasado-. 

Como Comisario  de Asuntos Sociales, Educación y Empleo quedará en la historia de Europa y de millones de familias europeas como el padre del Programa ERASMUS, que cumple en este 2017 cuarenta años gozosos desde su creación. Ese Programa de movilidad de estudiantes ha sido un éxito que ha permitido que la UE sea algo muy cercano, íntimo, para las familias europeas: ha llegado al corazón de más de 500 millones de europeos. Nadie como Manuel Marín hizo tanto por la integración europea y con tan poco dinero. Con una gran idea.

La Europa de los valores estaba por demostrar en 1992. Y él se encargó de ello: decidió crear el Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO). Esta gran oficina operativa, que lleva el calor de la solidaridad europea a todo el planeta y que se apoya en las mejores organizaciones no gubernamentales, ha sido el corazón de Europa en el mundo latiendo con solidaridad eficaz allí donde los seres humanos sufren lo indecible. 

El 9 de noviembre pasado recibió, entre los muros de una de las tres universidades más antiguas del mundo y como acto iniciador de su VIII centenario, el doctorado honoris causa por la Universidad de Salamanca por su contribución impagable a la transformación de las universidades europeas en motores sociales del proyecto europeo. Su padrino, el doctor Luis Norberto González Alonso, decía que “la trayectoria de las personas que se dedican al noble oficio de la política, como ha sido el caso durante varias décadas de Manuel Marín, ha de ser valorada atendiendo a su capacidad para transformar la realidad que les rodea, para propiciar el progreso social y, en consecuencia, para mejorar de manera efectiva la vida de sus conciudadanos”.   A fuer que cumplió con creces nuestro caballero europeo de La Mancha.

Post Scriptum: Conocí a Manuel Marín en plena transición de la dictadura a la democracia, en 1976, cuando yo iniciaba mi formación europeísta de posgrado. La última vez que le vi fue el 11 de julio de 2016 en el Monasterio de Yuste compartiendo un debate con buenas preguntas de los asistentes después de nuestras intervenciones. Memorable.  

Debate Manuel Marín González y Araceli Mangas Martín. Campus de Yuste      https://www.youtube.com/watch?v=3jXmSDqnSyY

 

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